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La Construcción del Yo y la Cosmética Psicoquímica

Águeda Simó y Pedro Ortuño

(Instalación Audiovisual. 2021)

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La instalación La Construcción del Yo y la Cosmética Psicoquímica, plantea una reflexión sobre la búsqueda y utilización de sustancias psicoactivas (drogas o psicofármacos) que modifican el comportamiento y facilitan la creación artificial de una nueva personalidad más atractiva socialmente.

La experimentación con sustancias que afectan a las funciones del sistema nervioso central, ya sean de origen natural o sintético, es algo que se viene realizando desde la antigüedad. Sustancias como el alcohol o los opiáceos se han utilizado desde la prehistoria y civilizaciones antiguas como la Azteca, ya sea con fines religiosos o curativos, para escapar de la realidad y sus problemas, o por placer. Con la aparición y desarrollo de la psicofarmacología las sustancias psicoactivas de origen artificial son cada vez más utilizadas para embellecer la personalidad.

Según Peter Kramer (1993), existe una cosmética psicofarmacológica (cosmetic psychopharmacology) que permite esculpir una personalidad al gusto del consumidor de manera similar a la cirugía estética que es capaz de esculpir un cuerpo a la medida. Es decir, la utilización de psicofármacos para cambiar aspectos de nuestra personalidad que no nos satisfacen, para sentirnos mejor y mejorar nuestra interacción social.

Carl Elliot (2000) y David DeGrazia se preguntan si es lícito utilizar un medicamento para cambiar nuestra personalidad y convertirnos en otro tipo de persona y, si lo hacemos, ¿seguiremos siendo nosotros? Ambos autores advierten sobre el riesgo de promover cualidades yuppie-oriented y dudosos valores culturales como la competitividad o la segregación en detrimento de la diversidad. Para DeGrazia, el ser humano tiene libertad para construirse a sí mismo, crear su propia personalidad, ya sea a través de fármacos, terapias u otros métodos.

La psicofarmacología puede ser definida como una disciplina científica multidisciplinar dedicada al estudio de los fármacos que modifican el comportamiento y la función mental a través de su acción sobre el sistema neuroendocrino (Torres y Escarabajal, 2005). Esta disciplina es compartida por médicos, psiquiatras, neurólogos, farmacólogos y bioquímicos, interesados en el análisis de las sustancias que modifican las funciones del sistema nervioso y se manifiestan en la conducta de los individuos. Según Torres y Escarabajal (ibid.), la psicofarmacología surge a mediados del siglo XX como resultado de las observaciones clínicas y los descubrimientos entre los que destacan el descubrimiento de Delay y Deniker de los efectos antipsicóticos de la clorpromazina y los trabajos realizados por Albert Hofmann sobre la LSD-25 (dietilamida de ácido lisérgico).

Albert Hofmann, tal y como afirma Christoph Grunenberg, también influiría en las políticas más disidentes del arte underground de la década de los años sesenta en Estados Unidos, debido, en parte, al desarrollo de un arte visionario que implicó a la vanguardia artística comprometida también con la dimensión trascendente de la vida. En esta vanguardia participaron cineastas como Ira Cohen, Kenneth Anger, Jordan Belson y Jud Yalkut. La revista San Francisco Oracle, difundió gran parte de la producción artística underground de esos años en artículos relacionados con la poesía, el arte, la espiritualidad, la música, el cine y el diseño psicodélico, reflejando y dando forma a una comunidad de contracultura que se estaba formando. Entre los autores que colaboraron en esta publicación se encuentran artistas destacados del área de San Francisco, como Bruce Conner y Rick Griffin, y escritores de la talla de Allen Ginsberg, Timothy Leary, Gary Snyder, Lawrence Ferlinghetti y Michael McClure.

Si bien el mundo del arte ha empleado sustancias psicoactivas para plasmar otro tipo de realidad, una realidad alternativa ligada a las visiones que se experimentan en el consumo de las mismas, las religiones también se han valido de ellas para conectar con las deidades. En este sentido, por ejemplo, según el antropólogo Carlos G. Wagner (2014), en los rituales mesopotámicos se empleaban plantas de efecto psicoactivo para provocar la aparición de dioses. Esta afirmación está basada en la interpretación de algunos personajes de los mitos griegos y mesopotámicos en el Poema de Gilgamesh, y demuestra que la farmacopea mesopotámica estaba muy desarrollada y era utilizada para la elaboración de los inciensos que servían para inspirar los oráculos de los sacerdotes en los rituales de los pueblos del Próximo Oriente Antiguo, en los que se utilizaban ingredientes psicoactivos que facilitaban la exaltación espiritual.

Actualmente, la psicofarmacología está muy implicada en la psiquiatría que, apoyada por una fuerte industria farmacológica, implanta el uso de los psicofármacos para la modificación y/o normalización de la conducta. Hoy en día, muchas personas consumen fármacos antidepresivos y estimulantes como resultado de esta implantación en una sociedad consumista que no es capaz de proporcionar al individuo otras alternativas ni de asumir la diversidad de estados mentales y personalidades. Según Luís Echarte, muchos pacientes demandan los psicofármacos por sus efectos inmediatos y eficaces que disuelven “el perenne sentimiento de enfermedad y la frustración de una existencia llena de aspiraciones no resueltas” (s.f.).

Estas cuestiones son recogidas en la instalación La Construcción del Yo y la Cosmética Psicoquímica a través de la proyección de videos que muestran la diversidad de los estados emocionales, comportamientos y acciones/reacciones de diferentes personas en circunstancias y entornos tanto sociales como íntimos, que se articulan con textos extraídos de artículos que reflexionan sobre la búsqueda, utilización y efectos de las sustancias psicoactivas y la cosmética psicofarmacológica.

Las imágenes audiovisuales son proyectadas sobre un panel en relieve, que representa y emula conexiones neuronales, utilizando técnicas de projection mapping que permiten cambiar de forma dinámica los contenidos visuales y narrativos de cada vídeo adaptándose a los relieves del panel.

Agradecemos la participaci.n de Enrike Hurtado con las composiciones musicales y de Silvia Pinto Ferreira con su interpretaci.n y puesta en escena, as. como la colaboraci.n del Servicio T.cnico de Investigaci.n en microscop.a y de experimentaci.n agroforestal de la Universidad de Murcia.

 

BIBLIOGRAFÍA REFERENCIAL

DeGrazia, D. (2000). Prozac, enhancement, and self‐creation, en Hastings Center Report, 30(2), 34-40.

Echarte, L (s.f.). Neuroética. Hacia una nueva filosofía de la neurociencia, en Enciclopedia de Bioética.

Disponible en: http://enciclopediadebioetica.com/index.php/todas-las-voces/192-neuroetica-hacia-una-nueva-filosofia-de-la-neurociencia

Elliott, C. (1998). The tyranny of happiness: Ethics and cosmetic psychopharmacolog, in Enhancing human traits: Ethical and social implications, 177-188.

Grunenberg, C. (2005). Summer of love: Art of the psychedelic era. E. Tate. New York, p. 11

 

Hofmann, A. (2001). La historia del LSD. Barcelona: Gedisa.

Kramer, P. (1993). Listening to Prozac: A psychiatrist explores antidepressant drugs and the remaking of the self. Viking Pres.

Torres, C. y Escarabajal, M.D. (2005). Psicofarmacología: Una aproximación histórica, en Anales de psicología. (21), pp.199-212.

Wagner, C.G. (2014). El Poema de Gilgamesh: algunas preguntas desde la etnobotánica, la psicofarmacología y la confrontación con los mitos clásicos. en Espacio, Tiempo y Forma. Serie II. Historia antigua.