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SIMETRÍAS DE LA PASIÓN

(Instalación, 2016)

La exposición de Pedro Ortuño Simetrías de Pasión, es una instalación conceptual que comprende una serie fotográfica de principios del  siglo XX, un audiovisual, objetos y esteras que son productos del oficio de la artesanía de alfombras de esparto. El esparto es una planta propia del mediterráneo utilizada antiguamente para la realización de tejidos textiles, con la que se elaboraban cestas y utensilios para la agricultura. Combinando el antiguo oficio con las imágenes de hoy, el artista muestra el arduo trabajo de las mujeres en las fábricas que tejen alfombras de esparto, observamos la rigidez de la fibra vegetal en sus diversas formas formas. En esta exposición, las obras se combinaron como un camino continuo, una metáfora de la vida dura de estas mujeres tejedoras del esparto, que sin embargo crean  alfombras muy bellas que nos alejan de la dureza del trabajo cotidiano en la fábrica. Como resultado de este trabajo se obtienen diseños con un significado artístico extraordinario. Observamos que este producto artesanal del tejido del esparto es muy similar al textil del lino que se produce en Lituania, creando así vínculos entre esta artesanía textil de España con Lituania.

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Ina Mindiuz

Comisaria

Durante las décadas de los 60 y los 70, la expresión “arte textil” se consolidó en el contexto del arte contemporáneo desligándose del ámbito meramente artesanal. Artistas como Sheila Hicks, Magdalena Abakanowicz, Lenore Tawney y Claire Zeisler fueron sus principales abanderadas. El ciclo de exposiciones dentro del proyecto Interpretaciónes TEXTiles llevado a cabo en el Kauno menininkų namai/KMN/, tiene como objetivo, conceptualizar el TEXTil como una rama del arte contemporáneo y herramienta de análisis de procesos significativos tanto visuales como textuales.

El proyecto aborda diferentes áreas que van desde la pintura hasta la instalación. Esta variedad de metodologías y puntos de vista artísticos, facilitan el estudio de este arte no solo como decoración, sino como arte conceptual. Los autores que han participado a lo largo de los últimos tres años en el proyecto, exploran la relación entre texto, imagen, tiempo y espacio. Migran entre pasado y presente, pensando en el futuro, creando estructuras metafóricas. En sus obras, crean historias que penetran el texto y, en los espacios expositivos, crean entornos y experiencias basadas en técnicas artesanales tradicionales y arte contemporáneo.

 

Kaunas ha sido durante muchos años una ciudad de fabricación de textil con una profunda tradición de éste tipo de arte aplicado. Durante el período de la Unión Soviética, Kaunas tenía grandes fábricas textiles: Kauno Audiniai, Drobė, Silva, etc.. Los cambios de los modelos de la sociedad en todos los ámbitos han hecho que durante los finales del siglo XX, poco a poco, las fábricas anteriormente mencionadas, cerrasen.  Entre los años 2014 – 2017, en el marco del proyecto Interpretaciónes TEXTiles, hemos exhibido en España obra de artistas de Kaunas, entre ellas destacamos a Zenonas Varnauskas, uno de los fundadores de arte textil contemporáneo así como la obra de las pioneras de arte textil lituano y primeras organizadoras de Bienal de Kaunas; Virginia Kirveliene, Zinaida Dargiene, Mariona Sinkeviciene y grupo textil ESAME.

 

 

 

Pedro Ortuño

SIMETRÍAS DE HISTORIA Y PASIÓN SOBRE EL ESPARTO

El esparto crece en toda la franja mediterránea de España. La concentración mayor de la recolección del esparto y de sus centros fabriles se daba en Murcia y en Albacete, zona que corresponde aproximadamente a las antiguas delineaciones del Campus Spartarius.

El escritor Romano Plinio el Viejo, ya mencionaba el esparto en sus escritos sobre Historia Natural, cómo “el esparto para tejer cuerdas” y precisa de extensión del Campus Spartarius detallando su superficie: “30.000 pasos de anchura por 100.000 de longitud”. Si esta extensión fuese paralela a la costa, abarcaría desde el golfo de santa Pola en Alicante hasta pasando Almanzora  en Almería, ocupando toda la fachada del litoral murciano Plinio no deja de insinuar que la extensión de los atochales sobrepasa el llamado Campus Spartartarius, pero que “el costo impide que el esparto sea transportado desde más lejos”.

En los años de máximo auge, la cosecha española, la oficialmente controlada por el Servicio del Esparto, excedía de las 150.00 toneladas de fibra ya seca. Estas cifras, que implicaban un número muy elevado de hombres y mujeres ocupados y repartidos en el monte, en las fábricas y en la manufactura doméstica, cubrían los circuitos industriales y comerciales de la producción espartera.  Quedaba fuera de la reseña parte de la producción del autoabastecimiento campesino, que no era siempre fácil ya que éste llegaba a formar parte entonces de los productos de estraperlo.  En la década de los años 50, el esparto fue una industria nacional importantísima, que influía en actividades tan básicas como la fabricación de envases, la recolección de aceites, la elaboración de papel, la pesca y la navegación.

En los pueblos de la provincia de Murcia como Abanilla, Águilas, Archena, Blanca, Cieza o Ricote a principios de 1920, se dio la circunstancia de que centenares de mujeres  trabajaban el esparto y se agruparon en una cooperativa, la idea de crear una cooperativa debió de representar una autentica revolución local en la época. La cooperativa de las mujeres confiteras se fundó conjuntamente con la Casa del Pueblo, durante la II República, con estatutos y reglamentos. A partir de una suscripción de 25 pesetas, multiplicada por centenares de accionistas, la empresa alcanzó pronto un acelerado desarrollo, y las mujeres unos jornales que reflejaban el beneficio directo de sus productos. Por ejemplo en diez horas de trabajo diario la mujer realizaba cuatro cofines de esparto, de los utilizados en el prensado del aceite, por los cuales la Cooperativa abonaba tres pesetas.

 

Comparativamente, la mujer que dependía de un patrono ganaba solo dos pesetas por el mismo trabajo; el jornal medio de un bracero era entonces de cuatro a cinco pesetas. La cooperativa no solamente era de producción sino que se convirtió en un mercado de cambio y en una cooperativa de consumo. Poco antes de la Guerra Civil y ya en plena contienda recibía aceite, jabón, harina, pita, etc., a cambio de esteras y productos artesanales de esparto.

Tuvo al terminar la guerra en 1939 produciendo un desenlace desafortunado. Por incautación de bienes y expolio, las mujeres se quedaron sin la riqueza creada por sus propios esfuerzos y sin indemnizaciones. No quedaron tampoco ni los libros de contabilidad, y la hazaña empresarial de una autogestión provechosa solo pervive en la memoria de unos pocos.

En Blanca (Murcia), la industria de fabricación de esteras comenzó en 1929, habiendo constancia de que la primera estera se terminó el 29 de junio de ese mismo año, día de San Pedro Apóstol. Por ello, los trabajadores del esparto en Blanca tienen a ese santo como patrón, y todos los años por esas fechas festejaban con un castillo de fuegos artificiales el aniversario del comienzo de las esteras. En la actualidad existe una fábrica de esteras, pero las mujeres después de la Guerra Civil Española (1936-1939) ya nunca más volvieron a trabajar en cooperativa, sino en en fábricas dirigidas por empresarios. El vídeo Necesidad (2012), relata la historia de una de estas mujeres, que en la posguerra española, con apenas 12 años de edad tuvo que entrar a trabajar en una de estas fábricas y continúa haciéndolo hoy en día. Es la historias de muchas mujeres que con la llegada de la Dictadura perdieron los derechos adquiridos en la II República Española (1931-1936).

A continuación se transcriben algunas de las conversaciones del vídeo: La alegría que tuve de llevar el primer jornal a mi casa. El primer día que le entregué el jornal a mi madre le dije: mamá,  ya no vamos a pasar hambre. A los 12 años comencé a trabajar haciendo preparativos en la casa, haciendo piezas pequeñas. Lo que aquí se ha hecho toda la vida. Es un trabajo que lo tenemos como una rutina, desde hace muchos años. Entonces lo ves como una rutina, no lo ves  como la obra de arte que es, la verdad. No lo ves como la artesanía, que la gente que no lo conoce, lo ve y se sorprende de verlo. Pero nosotros ya lo vemos como una cosa habitual y no le damos la importancia que tiene. Lo vemos como la rutina de lo que hacemos a diario. Te esmeras porque salga el trabajo bien hecho, te esmeras porque salga bien, pero aparte de eso, es una rutina de todos los días lo mismo, entonces ya no lo valoras igual.  Cuando eres joven y necesidad que había entonces, pues estaba deseando de aprender.  Pasábamos mucha necesidad en mi casa, éramos siete. Siete hermanos y mi padre y mi madre y mi padre sin trabajar. Es que antes, también estaba la cosa dura.